Desde hace unos días que la migración ha sido tema central de las noticias. No sólo por las enormes marchas en los EE.UU. en rechazo a una ley que haría ilegal a la inmigración “ilegal”. Lo sé, estoy simplificando excesivamente un problema que afecta a 11 millones de inmigrantes ilegales (900.000+ de los cuales son bolivianos), pero ese no es el punto de este artículo. También fue noticia la muerte de trabajadores bolivianos, ilegales, en la Argentina luego de un incendio en un taller clandestino y las subsecuentes protestas que esto originó. Finalmente, el domingo La Razón dedicó su “Informe del Domingo” a tratar el tema de aquellos que dejaron Bolivia en pos de mejores condiciones y aquellos que quedaron, la mitad de los cuales se irían de Bolivia si tuvieran la oportunidad.
Según datos de la Dirección Nacional de Migración, tres millones ya estarían fuera de Bolivia (1 a 1.5 millones en Argentina, al rededor de 1 millón en EE.UU. y el resto en otros países, principalmente España). De los que quedan en Bolivia, uno de cada dos bolivianos se iría del país. Este número no pueden más que sorprendernos al extremo, considerando que en Bolivia hay poco más de 8 millones de habitantes y las proporciones son comparable a los desplazamientos de refugiados propios de países en guerra.
La situación es aún peor, ya que aquellos que se fueron, no tienen la intensión de volver. Luego de la muerte de bolivianos en Argentina, se le ofreció a algunas de las familias todas las facilidades para retornar a la patria; sin excepción, dijeron que no. Cuando alguien prefiere permanecer en otro país, aún en condiciones de semi-esclavitud, es definitivamente una mala señal. Señal de qué? De que en Bolivia aún no hay condiciones para tener un trabajo; y ni siquiera hablar de un trabajo digno. Esto es así sin importar el nivel social o educacional de los emigrantes, ya que casi sin excepción, los que salieron no pretenden volver, al menos no en el corto plazo.
La elección como presidente de un indígena con orientación socialista y en extremo populista, podría hacer pensar que muchos de los que migraron y aquellos que quedaron verían con más optimismo las posibilidades de trabajo (por no hablar de desarrollo económico) en Bolivia. Esto debido a que 60% de la fuerza laboral en Bolivia está empleada en el comercio informal y, como ya hemos visto, muchos de los que están afuera son cuasi-esclavos.
A tres meses del gobierno del MAS esto no es así y de hecho es mucho peor. No pretendo decir que esto es culpa del MAS, está claro que no es así y las razones y culpables deberemos buscarlos en gobiernos (y oposición) anteriores. Lo triste es que las expectativas de cambio no son buenas, y no lo digo yo, lo dicen los 4 millones de bolivianos que quieren salir del país y los 3 millones que ya viven afuera.
¿Qué futuro le espera a Bolivia entonces? Mientras no haya más empleo (que viene con el crecimiento económico, inversión y políticas sociales cuidadosamente diseñadas) no podemos esperar que esta situación cambie. El MAS es quien tiene en este momento todas las condiciones para lograr este cambio: enorme apoyo en Bolivia (fue elegido con 54% de los votos y su aprobación es de más de 70%), una oposición prácticamente inexistente, incremento de las exportaciones (principalmente gas), el apoyo de otros gobiernos de la región (aunque claro, con unos pocos gobiernos poderosos las cosas no están muy bien) y la condonación de una parte de la deuda externa.
No obstante esta situación favorable (o más favorable que aquella que enfrentaron gobiernos anteriores), Morales y su gente han insistido y han invertido todos sus esfuerzos en la Asamblea Constituyente (AC) olvidándose, claramente, de gobernar. Es más, el mismo poder ejecutivo ha probado ser nada más que una plataforma partidaria para ganar las elecciones para la AC, y no lo que se supone que es: el “Gobierno de Bolivia”. Morales está convencido, y ha convencido a mucha gente, que lo único que importa es la AC. Todo aquel con un poco de sentido común puede ver que esto no es así, la AC no resolverá por obra de magia los problemas en Bolivia; tampoco, como dice el MAS, le dará a Morales los instrumentos para poder resolver los problemas. El instrumento más importante ya lo tiene, se llama “gobierno”, pero Morales no sabe que hacer con él. Lamentablemente la alternativa es aún más sombría, Morales quizás sí sabe lo que hace con el gobierno y lo que quiere es una AC que lleve a Bolivia a una pseudo dictadura populista al mejor estilo venezolano o quizás pretenda ir más allá y seguir a su mentor cubano.
Finalmente, y esto es lo que me pone más triste, con otro gobierno de aquellos llamados “neoliberales” y el MAS en la oposición las cosas probablemente no estarían mejor. El problema es crónico y la solución una “Quimera” digna del más osado Belerofonte.
Entonces, volviendo al punto de partida, es hora de ver analizar la migración boliviana con mayor profundidad y reconocer que se trata de un problema que éste y los siguientes gobiernos deberán atender. Claramente, las cosas podrían estar peor, sin embargo, esto ofrece poco consuelo.

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